La Rosa Blanca Junio 12, 2008
Posted by elwawel in Círculo de Lectores, Identidad, Libros, Política.Tags: Historia, Lecturas, Libertad, Memoria, Narrativa, Política
trackback
En estos últimos días, un libro de José M. García Pelegrín se ha hecho el encontradizo conmigo: La Rosa Blanca, la historia de un grupo de jóvenes estudiantes que decidieron enfrentarse a Hitler en plena Guerra.
Me lo había leído en el 2006, pero parece que no era aún el momento. Si lo hubiera sido, ¿por qué me busca ahora con tanta insistencia?
Al releer sus páginas, me detengo primero en unos versos de Clemens Brentano, en los cuales se encuentra el origen del nombre del grupo formado por estos jóvenes:
Y la piadosa Rosa Blanca,
con su cascada de rizos dorados,
quiere pagar toda la culpa.
Lo que te queda, Rosa Blanca,
dalo a los pobres o sacrifícalo,
¡ve en nombre de Dios!
¿Cuál era, para Alexander Schmorell, Willi Graf, Christoph Probst, Hubert Furtwängler… y los hermanos Sophie y Hans Scholl, la culpa que había que pagar?: la ideología del ateísmo y del terror impuesta por el nacionalsocialismo. En una de las “Hojas de la Rosa Blanca” impresa en la clandestinidad y distribuida -esa era su arma- por distintos puntos de Alemania, escribieron:
El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar, al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual.
Antes, unas palabras ponían nombre a los opresores y apuntaban a la manipulación del lenguaje como una de las armas que habían empleado para hacerse con el poder:
¡Libertad y honor! Durante diez largos años, Hitler y sus compadres han exprimido hasta el hastío estas dos magníficas palabras alemanas, las han manido y tergiversado como sólo lo pueden hacer diletantes que echan a los cerdos los mayores valores de una nación. Lo que para ellos significan la libertad y el honor lo han demostrado suficientemente en diez años de destrucción de toda la libertad material y espiritual, de toda la sustancia moral del pueblo.
Un elemento común a la mayoría de ellos es su progresivo acercamiento a la fe cristiana: Christoph Probst, por ejemplo, recibió el bautismo y la Primera Comunión en la celda antes de su ejecución. En otra de las “Hojas” escribían:
A ti que eres cristiano, te pregunto: (…) ¿hay aún vacilación, un juego con intrigas, un retrasar la decisión, con la esperanza de que sea otro quien alce las armas para defenderte? ¿No te ha dado Dios mismo la fuerza y el ánimo para luchar?
La mayoría de los miembros de La Rosa Blanca falleció ajusticiada, acusada de haber hecho “un llamamiento al sabotaje y al derrocamiento de la forma de vida nacionalsocialista”. ¿Fracasaron en su empeño? No parece sugerirlo así la despedida de Willi Graf a sus padres y hermanas:
Sed fuertes y estad serenos, confiando en la mano de Dios, que hace que todo sea para bien, aunque en un determinado momento produzca un amargo dolor (…) El amor de Dios nos sostiene y nosotros confiamos en su gracia; que el Señor sea para nosotros un juez bondadoso.

Comentarios»
No comments yet — be the first.