Revelación Junio 12, 2008
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Llevo varios días sin escribir nada en el blog. Ocurre cuando uno se aproxima raudamente al final del libro en el que se ha sumergido, y siente la urgencia de llegar a él.
El desenlace de La Rosa Blanca fue el mismo que había leído hace ya dos años en el mismo ejemplar, con las mismas palabras. Y, sin embargo, no sé por qué esta vez se me quedó grabado con una persistencia mayor que en aquella ocasión. Puede que a lo largo de las páginas del libro la intimidad de Sophie y Hans, de Christoph y de Alex, de Willy y de Kurt, se me haya ofrecido con todo su entusiasmo y madurez, con toda su ilusión y capacidad de entrega.
Me niego a quedarme con la imagen del ajusticiamiento. Prefiero retroceder y contemplar la imagen de Sophie y Hans en un arranque de entusiasmo, con la alegría de quien canta a voz en grito la verdad, prístinamente sencillos mientras arrojan los ejemplares de la “Sexta Hoja de La Rosa Blanca” en el hall de la Universidad de Munich, a la par que el nacionalsocialismo, amenazado por este reducido grupo de jóvenes estudiantes, grita histérico y encolerizado: “Están detenidos, están detenidos”.
[Palabras de despedida de Alex Schmorell a sus padres:
(…) me voy siendo consciente de que he servido a mis firmes convicciones y a la verdad. Todo esto me hace esperar con la conciencia tranquila la cercana hora de la muerte.]
[Palabras de la última conversación de Alex con el abogado Siegfried Deisinger:
Si me dijera que otros, por ejemplo el guardia que me custodia, podría morir por mí, yo escogería a pesar de todo la muerte. Pues estoy convencido de que mi vida, por muy corta que parezca, ha de finalizar en esta hora, porque ya he concluido mi misión. Si me liberaran ahora no sabría qué hacer en este mundo.]
Educación para la Ciudadanía Junio 12, 2008
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El otro día hablaba de La Rosa Blanca, el grupo de estudiantes que se rebeló contra Hitler. En el libro de J.M. García Pelegrín que cuenta su historia, me encuentro con un hecho que yo desconocía, pero que considero muy actual: las clases de “concepción del mundo” (Weltanschauungsunterricht)
que el régimen [nacionalsocialista] intentaba imponer para sustituir a las clases de Religión y en las que se ridiculizaba el cristianismo.
La Iglesia Católica asumió una postura abiertamente beligerante contra ellas.
Hoy, como ayer, un Estado intenta imponer su concepción del mundo en las escuelas, a través de “Educación para la Ciudadanía”. Hoy, como ayer, la Iglesia Católica se rebela contra esa imposición.
Ayer, un Estado totalitario y excluyente pretendía la uniformidad de los autómatas, mientras la Iglesia defendía la libertad.
¿Paralelismos casuales de la Historia?
La Rosa Blanca Junio 12, 2008
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En estos últimos días, un libro de José M. García Pelegrín se ha hecho el encontradizo conmigo: La Rosa Blanca, la historia de un grupo de jóvenes estudiantes que decidieron enfrentarse a Hitler en plena Guerra.
Me lo había leído en el 2006, pero parece que no era aún el momento. Si lo hubiera sido, ¿por qué me busca ahora con tanta insistencia?
Al releer sus páginas, me detengo primero en unos versos de Clemens Brentano, en los cuales se encuentra el origen del nombre del grupo formado por estos jóvenes:
Y la piadosa Rosa Blanca,
con su cascada de rizos dorados,
quiere pagar toda la culpa.
Lo que te queda, Rosa Blanca,
dalo a los pobres o sacrifícalo,
¡ve en nombre de Dios!
¿Cuál era, para Alexander Schmorell, Willi Graf, Christoph Probst, Hubert Furtwängler… y los hermanos Sophie y Hans Scholl, la culpa que había que pagar?: la ideología del ateísmo y del terror impuesta por el nacionalsocialismo. En una de las “Hojas de la Rosa Blanca” impresa en la clandestinidad y distribuida -esa era su arma- por distintos puntos de Alemania, escribieron:
El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar, al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual.
Antes, unas palabras ponían nombre a los opresores y apuntaban a la manipulación del lenguaje como una de las armas que habían empleado para hacerse con el poder:
¡Libertad y honor! Durante diez largos años, Hitler y sus compadres han exprimido hasta el hastío estas dos magníficas palabras alemanas, las han manido y tergiversado como sólo lo pueden hacer diletantes que echan a los cerdos los mayores valores de una nación. Lo que para ellos significan la libertad y el honor lo han demostrado suficientemente en diez años de destrucción de toda la libertad material y espiritual, de toda la sustancia moral del pueblo.
Un elemento común a la mayoría de ellos es su progresivo acercamiento a la fe cristiana: Christoph Probst, por ejemplo, recibió el bautismo y la Primera Comunión en la celda antes de su ejecución. En otra de las “Hojas” escribían:
A ti que eres cristiano, te pregunto: (…) ¿hay aún vacilación, un juego con intrigas, un retrasar la decisión, con la esperanza de que sea otro quien alce las armas para defenderte? ¿No te ha dado Dios mismo la fuerza y el ánimo para luchar?
La mayoría de los miembros de La Rosa Blanca falleció ajusticiada, acusada de haber hecho “un llamamiento al sabotaje y al derrocamiento de la forma de vida nacionalsocialista”. ¿Fracasaron en su empeño? No parece sugerirlo así la despedida de Willi Graf a sus padres y hermanas:
Sed fuertes y estad serenos, confiando en la mano de Dios, que hace que todo sea para bien, aunque en un determinado momento produzca un amargo dolor (…) El amor de Dios nos sostiene y nosotros confiamos en su gracia; que el Señor sea para nosotros un juez bondadoso.
